Nestes tempos que corren, de treboadas e gotas
frías, vemos como a natureza, sobre todo os ríos, reclaman o que en xustiza
antes era seu, levando por diante o que faga falla.
Moita xente opina que isto se debe ao cambio climático,
non vou ser eu o que defenda o critique esta opinión, non nos corresponde.
Hoxe imos falar de treboadas, inundacións e
lóstregos nos tempos pasados, para demostrar que sempre estiveron con nós.
A primeira das que temos noticia, que non quere dicir
que sexa a primeira de todas, proceden das investigacións de Andrés García
Doural, no seu blog Miscelánea Mindoniense, danos conta de treboadas no ano
1561, no 22 de xullo de 1631 e da que tivo lugar en Mondoñedo entre os días 10
e 11 de setembro de 1761.
As copiosas choivas desta treboada deron lugar a que
as augas caídas escorresen, monte abaixo, cara a desembocadura natural que era
a Fonte Vella mindoniense. Os muros das fincas rompían ante a presión da auga e
caían sobre as rúas estreitas ocasionando, aparte de innumerables desfeitas, a
detención das augas. Estas bolsas, inmensas, de auga son as responsables da
morte de 6 persoas.
Unha vez pasada a treboada o consistorio tomará as
medidas oportunas para evitar, senón as treboadas, si a morte de persoas. Para
iso, entre outras medidas interesantes, canalízase, de maneira subterránea, o
río Sixto, que corre pegado aos antigos muros da cidade.
García Doural apunta que a esta treboada seguírona
outras importantes, como son as de 1775, 1788 e a de 1795, polo que para o
século XVIII respecta.
Quédalle no tinteiro, a este infatigable
investigador, a treboada de 1778, recollida na Gazeta de Madrid (nº 67), do 25
de decembro dese ano, da seguinte maneira: “ a las ocho de la mañana empezó a sentirse en esta Ciudad una tormenta
muy formidable de lluvia y truenos, habiéndose obscurecido el cielo de tal modo
que a las 9 apenas se distinguían los objetos en las calles. A la misma hora
cayó en una casería no muy distante de aquí un rayo acompañado de un trueno,
cuyo estrepitoso ruído atemorizó a todo el pueblo, aumentado la congoxa una
lluvia tan copiosa que se temió inundase la ciudad”.
Preto da cidade episcopal atópase a parroquia de San
Lourenzo das Sasdónigas, na que, un 24 de agosto de 1884, durante unha forte tempestade,
un raio, dos múltiples caídos, mata a unha muller. Do suceso da conta Doural,
que menciona que a falecida, Rosa Díaz Rego, tiña 35 anos e atopábase na porta
da súa casa pelando unhas patacas; xunto a ela, que estaba embarazada de oito
meses, dous fillos. A chispa provocou a morte a ela e ao neno que había no seu
ventre. Os outros dous fillos que estaban con ela, un quedou cego e outra con
fortes queimaduras.
O ano 1897 tamén foi un tempo marcado polas
treboadas. Vemos como os xornais de finais de xaneiro relataban as desfeitas
causadas polo temporal que azoutara a provincia de Lugo. Como non podía ser
doutra maneira a Mariña tamén aparece afectada:“En Vivero se desbordó el río Landrove, hasta el punto que fue preciso
utilizar una barca para pasar por la carretera en las inmediaciones del puente
que toma el nombre de aquel río. La corriente arrastró varios castaños y se
llevó gran cantidad de tierra y algunos sembrados. En Mondoñedo, la crecida del
Valiñadares dejó el camino intransitable, arrastrando árboles y tierras. En el
lugar de Bouzas, que está en la cuenca de ese río, una bolsa de agua levantó
tal cantidad de pizarra que se calcula en miles de carros la movida por el
agua.El río Masma causó muchos destrozos, y en la misma parroquia otra bolsa de
agua movió de tal modo un prado secano de un ferrado de extensión, que lo trasladó,
casi intacto, a un terreno inmediato” (El Eco de Santiago. 1897, 23
xaneiro).
Se o ano empezaba así, non remataba de maneira moi
diferente. Na prensa do 10 de decembro lemos como: “Durante la tronada que descargó en la noche del miércoles en Vivero,
cayó un rayo en la fábrica de Chavín causando desperfectos de consideración en
la maquinaria de la luz eléctrica, entre otros, la destrucción de un electro
imán. Debido a tal percance, desde aquella noche viénense alumbrando los
vivarienses por el sistema antiguo”( La Correspondencia Gallega. 1897, 10
decembro).
Se en 1884 víamos como unha chispa mataba a Rosa nas
Sasdónigas, en 1898 vemos como un raio golpeaba a “un muchacho que se había arrimado a un poste del telégrafo, en la
parroquia de Juances, sufrió varias quemaduras en un brazo y un pie,
ocasionadas por una chispa eléctrica. Afortunadamente las lesiones fueron leves”
(La Correspondencia Gallega. 1898, 14 de abril).
Empezamos o século XX cunha forte treboada, a de
1905, e as súas nefastas consecuencias, o desbordamento de ríos. A prensa do
momento amosa imaxes dantescas, cun Mondoñedo no que ás 3 da madrugada “no se oía en los barrios más que lamentaciones, gritos de
auxilio, hombres que lloraban ante la impotencia contra los elementos que les
arrebataban lo que a nuestros paisanos es más caro, su ganado y sus cosechas.
En muchos sitios fue necesario subir las reses a las habitaciones donde
momentos antes descansaban aquellas pobres gentes. En otros dio tiempo aunque
medio nadando a llevar las vacas y terneros a sitios altos y dejarlos amarrados
a árboles. Algunos cerdos, por ser animales más cortos de pata perecieron
ahogados.
Los puentes todos que encontró al paso esta avenida los barrió con tanta
limpieza que en algunos solo se sabe que existió allí puente por algún resto de
estribo de cantería. Solo respetó los de la carretera. Esta, en el trozo de San
Lázaro a Adelán, sufrió muchos desperfectos, algunos de consideración como uno
en Viloalle donde de 40 metros quedaron sin señales de haber sido nunca
carretera. Allí se hace el tránsito por un maizal que aunque fangoso resultaba
ahora más seguro y visible que la carretera. En otros mil sitios quedó tan
descarnada, que el tránsito a pie resulta molesto, y en carruaje imposible.
El río
Masma, a donde van todos estos ríos y otros que hay en el corto trecho de seis
kilómetros, no es un río fuera de madre, sino un mar inmenso que se extiende
hacia Foz llevando cada vez más anchura. La tormenta cesó a las cuatro de la
madrugada, sin desgracia personal alguna”. (El Norte de Galicia.1905, 20
setembro).
Para o ano 1909 destacamos o ciclón que asolou
Mondoñedo, onde “El viento
huracanado causó perjuicios de importancia en los paseos y en las líneas de las
empresas de luz eléctrica. En el campo de los Remedios el vendaval arrancó
algunos álamos y del bosque situado al lado de la calle de San Roque, se cayó
un eucalipto, el cual causó destrozos en la red de la
luz eléctrica y alguno en una casa, de la cual puede decirse que ha sido
milagrosamente salvada. El jueves se reprodujo con mayor intensidad la crecida
de los ríos, y en Viloalle y Masma todos los árboles de las márgenes aparecían
en el centro de ambos ríos”
(El Progreso. 1909, 27 setembro).
En 1911 a treboada cébase coa vila de Ribadeo, na
que dende o amencer comezou unha forte treboada “sucediéndose sin interrupción los relámpagos, durando varias horas la
tronada y desprendiéndose algunos chispazos”.(El Correo de Galicia. 1911,
28 agosto). Segundo este xornal un raio golpeou no chan a carón dun labrador,
veciño do lugar de Carrancón, en Vilaselán, que o tira ao chan coa forza, pero
sen maiores consecuencias.
Para o ano 1917 destacamos a treboada que asolagou
Foz, no que “a consecuencia de las pertinaces lluvias se ha desbordado
el río Masma, llegando las aguas a una altura considerable como no se recuerda
en aquella comarca.
Las fincas enclavadas en las márgenes del río fueron anegadas perdiéndose
los frutos sembrados. Como el fruto era trigo en su mayoría, los propietarios
calculan la pérdida en más de cincuenta mil pesetas” (El Eco de
Santiago. 1917, 3 xuño).
E así poderíamos seguir e seguir, porque en Galicia
chove, tanto o máis que nos tempos pasados, pero nunca choveu que non
escanpase.
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